El viernes aproveché mi excelente estado de ánimo, (producto de los resultados del PET) y me fui con dos amiguísimas a chusmear sombreros por Palermo. El término oficial fue "hat shopping".
Me probé muchos, muchos, muchos y no me convenció ninguno. Con todos me sentía un poco graciosa. Y de a ratos también me sentía un poco Tom Sawyer entre el pelo corto y el sombrero de paja... No era ni por asomo la imagen glamorosa y femenina que proyectaba.
Así que en vez de sombrero invertí en una merienda para el campeonato. Buen cambio.
Y eso es lo que yo llamo un buen viernes.
Al día siguiente, y ya con menos expectativas, salí con mi mamá a ver sombreros. Y encontré uno que me gustó. (Gracias Mamá Noel!). Se los muestro:
Me lo llevé puesto del local. No es realmente necesario que lo use. Mi caída de pelo no es mega evidente todavía. Pero me pasa que no me gustaría tener que salir corriendo a comprarme uno si es que me quedo mucho más pelada de repente. Y bueno, la realidad es que vi mucha chica con sombrero en España cuando estuve hace poco y me re gustó como queda, pero no me animé a comprarme uno. Me quedé con las ganas.
Antony me dio la excusa perfecta.

