Antes que nada quisiera pedir perdón por tanto abandono, últimamente ando tan loca y tan a las corridas que casi no tengo tiempo de sentarme a escribir tranquila.
Me quedaba pendiente escribir acerca de este momentote feliz:
(IMAGINE UNA FOTO DE MI PERSONA, SONRIENTE, CON TOGA Y BIRRETE, DICIENDO UN DISCURSO DESDE UN ATRIL)
Me gradué y me tocó dar el discurso en nombre de los alumnos. Fue un momento tan genial que aun hoy, varias semanas después sonrío de solo recordarlo. Lo voy a recordar toda la vida. No puedo creer que hablé en frente de una multitud sin morir de miedo, que pude tirar chistes y hablar seriamente y decir todo lo que quise. No puedo creer lo rápido que pasó el tiempo, como mejoró todo tan rápido, y como llegué a ese instante con el que tanto soñé: el día en que recibí mi título.
Una de las primeras cosas que le pregunte a mi médica el día de mi diagnóstico fue si me iba a poder recibir en diciembre. Mi mamá dice que le pregunté si se me iba a caer el pelo, pero no es cierto, lo recuerdo perfectamente, eso me lo explicó ella sola. Yo quise saber si el linfoma era algo genético (?) , si me iba a curar, cuándo podía empezar la quimio y si iba a poder terminar la facultad a fin de año. Hoy lo pienso y fue una pregunta bastante ridícula, porque realmente: qué importaba si me recibía en diciembre, en marzo, en julio, o si incluso me recibía ese año o algún otro. Eso no tenía nada de relevancia en ese momento vital, pero bueno, fue lo que me salió.
Al final no me recibí en diciembre, sino en marzo siguiente, y fue un momento glorioso.
Recibir mi título fue confirmar todo ese esfuerzo y ponerle un moño a toda la carrera.
Volviendo al discurso, entre otras cosas, tuve la oportunidad de agradecerle a mis compañeros todo el apoyo que me dieron mientras estuve enferma.
Y ya es hora de hacer un agradecimiento general, extensivo a todos los demás.
A lo largo de mi tratamiento me sentí muy querida y pude experimentar los gestos de cariño más lindos del mundo. Es cierto que las situaciones difíciles sacan lo mejor y lo peor de la gente. De mi linfoma yo me llevo un sinfín de gestos de gente muy conocida, de gente relativamente conocida y de gente completamente desconocida que me llenaron de energía y cariño y me endulzaron el recorrido amargo de la quimioterapia.
Así que acá va mi agradecimiento para todas esas personas lindas allá afuera. No quiero dar nombres porque me voy a olvidar más de uno, y tampoco es mi idea. Sólo quisiera contarles los gestos que me hicieron sentir bien, y que siento que pueden ayudar a alguien que esté atravesando un cáncer.
Todos redundan en el hecho de que me hicieron sentir querida. Y el amor sana.
Hay miles de formas de acompañar a alguien que está enfermo, y van todas por ese lado. Yo, por mi parte, rescato cada mail de preocupación, de aliento, de preguntar cómo andaba. Cada persona que me vino a visitar a la quimio. El gesto de mi amiga que estaba lejos pero se anotaba en su agenda cada vez que me tenía que sacar sangre. Los videos llenos de amigos conocí en España y que me me pasaron en clase con la complicidad de toda el aula. El video del cantante italiano que me consiguió una amiguísima. TODOS LOS REZOS. Sé que hay gente que ni conozco que rezó por mi. TODAS LAS BUENAS VIBRAS Y PENSAMIENTOS POSITIVOS. Tengo una medalla que me regaló un desconocido cuya esposa tuvo cáncer. Nunca lo conocí y me la hizo llegar a través de una amiga. Cómo una amiga de mi mamá que me hizo shiatsu y acupuntura a lo largo de todo el tratamiento. La amiga que me regaló una bolsa llena de maquillajes, para los días en los que me sintiera fea. Ella también se ofreció para reemplazarme en el comedor de Cáritas. Quienes me llevaron a la playa y se encargaron de malcriarme. Los que me ayudaron a estudiar cuando no tenía ganas de nada. Las que me ayudaron a sentirme linda. Los que no se asustaron con mi caída de pelo, que festejaron mis chistes negros y que incluso me hicieron chistes negros. Los que me trataron con normalidad...
Y sé que me estoy olvidando de miles de cosas.
Pero hay infinitas formas de ayudar a alguien que tiene cáncer, cosas que capaz ni siquiera tienen que ver con la enfermedad en sí, si no más bien en acompañar desde el lugar que puede cada uno.
Ah, y una última aclaración: lo sé porque me pasó, y estuve de ambas lados. Muchas veces conocemos a alguien que está pasando por una situación difícil y medio que queremos dar una palabra de aliento, pero nos sentimos desubicados porque la conocemos poco, o sentimos que vamos a molestar. Me ha pasado, y habiendo estado del otro lado, juro que los gestos que más me conmovieron fueron todos los que vinieron de gente que no me lo esperaba ni ahí. Del que me mandó un mail diciendo: no te quiero molestar, no somos muy amigos, pero sabé que sé lo que te pasa, y lo siento mucho, y espero de corazón que estés bien.
Esos fueron los mejores. Porque de la gente de fierro uno ya sabe qué esperar. Y después lo confirma y los sigue eligiendo toda la vida. Pero los que uno no se espera... son los mejores.
Así que mi humilde pollo consejo es: ante la duda, tire buena onda! Siempre que sea con respeto y buena onda, va a caer bien.
Gracias a todos los que me acompañaron en estos meses.
Pollo agradecido.