9 de enero de 2012

Vivan las inyecciones

Hoy me hice otro análisis de control y mis glóbulos no dieron super bien, pero tampoco super mal. Están bajos, tanto los blancos como los rojos, y me los van a levantar con inyecciones que estimulan la médula.
Hoy me encuentro amando esta decisión médica. ¿Por qué? Porque tenía miedo de que me quisieran hacer otra transfusión...
Vivan las inyecciones entonces.
Otro ejemplo más de los funcionamientos raros de mi mente avícola.

Ah! Ya me puedo ir a la playa. Pollo al maaaaaaaaaaaaaaaaar! A comer rabas y tomar sol entre quimios. Gracias Elsa. (mi hematóloga).
Mi mamá me acaba de decir que tengo buen aspecto. Claro, comparando con mi comportamiento deprimente de esta mañana estoy fantástica. (no poder caminar 200 metros por el hospital sin frenarme a descansar porque sentía que me moría).
Le contesté que es la felicidad.
Chau hospital, no te veo hasta la semana que viene.

Amor materno


37 grados de sensación térmica en la Ciudad de Buenos Aires y mi santa madre haciéndome salsa boloñesa, porque a la nena se le antojó. Mierda que me está malcriando. Mi falta de glóbulos mueve montañas.

Hoy es uno de esos días en que hace tanto, pero tanto, pero tanto calor, que hasta dan ganas de no comer con tal de no prender un artefacto. Pero ahí está Emilsita revolviendo la olla humeante. También trajo medialunas para merendar.

En mi defensa, yo pedí fideitos, ella redobló la apuesta y sugirió su salsa to- die - for, y bueno.. no me pude resistir.  Es una de esas cosas que pediría como última cena si me estuvieran condenando a muerte. La boloñesa de la vieja.

Gracias Mothership. Sos lo máximo.