Hace 15 días me diagnosticaron un linfoma de Hodgkin. ¿Qué es esto? Un cáncer del tejido linfático, o sea, de los ganglios. Suele afectar a la gente joven y es una enfermedad grave, pero curable.
Mi pronóstico es bastante bueno: me lo diagnosticaron rápido, y estoy en una fase que debería poder curarse con no muchos ciclos de quimioterapia. (Fase 2A). Si todo sale bien voy a estar totalmente curada en 6 meses con un 80% de probabilidades. Un dato importante es que no me cabe la menor duda de que voy a formar parte de este 80 %. Pero bueno, sé que me espera un camino duro.
Es muy raro todo. Tengo cáncer, pero no me siento mal en absoluto. Mis células se reproducen a toda velocidad, pero me iría a bailar toda la noche. Si no fuera por los ganglios que me puedo tocar en el cuello, pensaría que estoy tan sana como siempre.
Justamente fueron esos ganglios los que me hicieron consultar a un médico hace tres meses. Me estaba tocando el cuello y los sentí. A partir de ese momento se desencadenó una vorágine de exámenes médicos: análisis de sangre, ecografía, placas de todo tipo, visita a la dentista para descartar una infección, consulta con una hematóloga, tomografía computada y por último, biopsia de un ganglio.
Me volvía loca no saber qué tenía. La angustia del desconocimiento es terrible. Se me cruzaron por la cabeza mil posibles enfermedades. Quería saber cuanto antes qué enfermedad estaba dando vueltas por mi cuerpo. Mal que mal cuando uno sabe contra lo que lucha, por más feo que sea, sabe contra lo que se enfrenta. Y cuesta un poco menos, te podés mentalizar. No saber angustia.
Cuando me derivaron a una hematóloga me empecé a preocupar. La posibilidad de tener una "enfermedad de la sangre" me asustaba más. También notaba que las amigas de mi mamá no paraban de llamar a casa para ver qué novedades había. Sentía que mi mamá estaba preocupada, y ella no se asusta fácilmente. Primer síntoma de que algo mal andaba.
Y finalmente, el diagnóstico. Fue muy raro enterarme. ¿Quién está preparado para recibir una noticia así? Encima me enteré un jueves a la tarde y el viernes a la mañana supuestamente me iba de viaje a Mar del Plata con todos mis compañeros de curso.
Volví a casa llorando todo el camino de vuelta. Mi mamá manejaba en silencio y yo lloraba un mar. Mi cabeza tranquilamente podría haber explotado de tanta actividad. De pronto me acordé del viaje y lo mencioné. Mi mamá me dijo que me fuera igual. A mí me parecía un poco descabellado armar el bolso e irme a Mar del Plata después de recibir semejante noticia. A la vez, me daba mucha bronca perderme eso que venía planeando con mis amigas hace mucho tiempo. Lo pensé un poco más y sentí que iba a ser peor quedarme sola en mi casa llorando, en vez de darme la oportunidad de divertirme. Siento que tomé la decisión acertada.
Ésta foto es de una de las noches en Mar del Plata:
Yo soy la de camisa rosa. Por si se preguntan qué estábamos haciendo, básicamente uno de los chicos encontró unas flores, y a todos nos pareció divertido jugar a tirar el ramo.
En tres días arranco la quimioterapia.
Cáncer: no sabés con quién te metiste.
