Gracias Dios por este día frío y ventoso que me regalaste. Mis ataques abruptos de calor son incompatibles con el verano infernal de Buenos Aires. Pienso que mi quimio sería mucho más fácil de sobrellevar si estuviéramos en invierno, pero bueno, todo no se puede. Mientras tanto agradezco esta posibilidad climática de abrir la ventana y refrescarme automáticamente con una buena ráfaga.
Sigo sintiéndome una señora menopáusica.
Ps: Acuñé una nueva frase recurrente. ¿Acá hace mucho calor o soy yo?
Y sí, la mayoría de las veces soy yo.

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