8 de septiembre de 2012

Sí, qué tal, le habla el Cuco.

Ayer volví llorando de la peluquería. Bueno, en realidad técnicamente esperé a haber entrado en casa para largarme a llorar. Me fui a emprolijar el pelo y hacerme un corte más cortito y "canchero" y salí sintiéndome un cuco. Un c-u-c-o!!! De pronto me vi con todos los pelos parados y me espanté.  Me quedó horrible. Me los bajé como pude y corrí las 5 cuadras que separan la peluquería de mi casa.

Me sentí bastante boluda llorando por eso, pero a la vez saqué cuentas y concluí que vengo sintiéndome fea desde febrero, que fue cuando mi caída de pelo se hizo bien notoria. Febrero, marzo, abril, mayo, junio, julio y agosto son más de 6 meses. 6 meses es demasiado tiempo para sentirse fea.

Es raro, quisiera que mi pelo vuelva a la normalidad tan rápido como mi vida. (que avanzó más rápido!). No me refiero a tenerlo largo hasta la cola como antes, obvio que no. Más bien un pelito a la altura del mentón, más femenino!!!! Siento que mi cáncer casi que ya es historia antigua, pero mi cabeza de varoncito me sigue persiguiendo. Un peinado que me hace sentir fea, que me inhibe, que no me representa. ¡Que no va con mi onda!

Mientras tanto todo el mundo me dice que me queda bien el pelo corto, que no es raro, que tiene onda, que como tengo cara "linda" me queda bárbaro y toda una sarta de cosas buena onda que:
A- me cuesta creer
B- aunque las crea, la que no está conforme con su aspecto soy yo, y la que tiene que llevar este pelo de varoncito adonde sea que vaya SOY YO. Y no hay peor crítico que uno mismo, lo sé bien.

En fin, reconozco que ahora que me lo peiné todo para el costado como estaba antes ya no es tan trágico, y que de hecho la gente apenas percibe que me corté el pelo, confirmando mi exageración lunática y lo innecesario de mi llanto. Y ni hablar de que simplemente debería agradecer que estoy curada, pero qué se le va a hacer. Ayer me sentí así.

Hoy una amiguísima en ánimos de consolarme me leyó este fragmento del libro Tokyo Blues, de Murakami.


"La  miré de arriba abajo. Ella se quitó las gafas de sol. Entonces la reconocí. Era una estudiante de primero que había visto varias veces en Historia del Teatro II. El cambio de peinado era tan radical que al principio no la reconocí.
—¡Vaya! Antes de las vacaciones llevabas el pelo hasta aquí. —Señalé unos diez centímetros por debajo de los hombros.
—En verano me hice la permanente. ¡Fue horroroso! ¡Me sentaba fatal! Pensé en suicidarme.¡Era  horrible! Parecía  un  ahogado con  un  montón de  algas enrolladas  alrededor  de  la  cabeza. Total, ya que pensaba morirme, en mi desesperación decidí raparme. Así estoy más fresca. —Se pasó la mano por su nuevo corte de pelo y después me sonrió.
—Te favorece —le dije mientras comía el resto de la tortilla—. A ver, mira hacia ese lado. 
Ella se puso de perfil y permaneció inmóvil unos cinco segundos.
—Sí. Te sienta muy bien. Tienes la forma de la cabeza bonita. Y las orejas también.
—A mí también me lo parece, la verdad. Me dije: «¡Venga, rápate! No te  sentará tan mal». Pero a  los chicos no les  gusta. Dicen  que  parezco un alumno  de  primaria, que  es como si  me hubiesen metido en un campo de concentración... y esas estupideces. ¿Por qué a los hombres os gustan tanto las mujeres con melena? ¡Sois unos fascistas! ¿Por qué pensáis que las chicas con el pelo  largo son elegantes, dulces y femeninas? Yo conozco a unas doscientas cincuenta  mujeres con el pelo largo que son de lo más vulgar.
—A mí me gustas más así —le dije.
No mentía. Por lo que recordaba, con el pelo largo era una chica muy normalita. En cambio, la que estaba sentada  frente a  mí  destilaba vida  y frescura  por cada uno de  sus poros, como si fuera
un animalito que acabara de irrumpir en el mundo para recibir la primavera. Sus pupilas se movían
como si tuvieran vida propia, riendo, enfadándose, asombrándose, conformándose. Hacía mucho  
tiempo   que   no   veía   un  rostro   tan   expresivo,   y   me   quedé   unos   instantes   mirándola 
impresionado."


Ja, qué caricia al alma. Y a la calva.
Gracias amiga, sos hermosa. Gracias Murakami, esa chica suena bien guapa.

8 comentarios:

  1. Sos hermosa. Por dentro y por fuera

    ResponderEliminar
  2. "demuestre que no eres un robot". Me apareció esto antes de subir el comentario anterior, posta, posta. Cool

    ResponderEliminar
  3. Vi una foto en Twitter con una taza de café y estabas hermosa. Eso pasa x vanidosa. No entiendo por qué las mujeres siempre quieren mejorar algo cuando ya es perfecto. Y llorar por un corte de pelo defectuoso? Creo que tenés motivos más que suficientes para no llorar. O llorar por cosas que realmente valgan la pena. Ayyy, estas mujeressss!!!

    ResponderEliminar
  4. Ay Julián no me rete :( Aunque tiene toda la razón.
    Ya no lloro más por mi pelo, fue un lapsus de imbecilidad :)

    De hecho, ya estoy contenta con mi pelo. Ayyy estos pollos!!!!!

    ResponderEliminar
  5. Eh, perdón que te corrija; deberías saberlo mejor que yo ya que sos su madre: Julián es un tulipan, no un cactus. Al menos eso es lo que contaste y fotografiaste. ¿Te sentís bien?

    ResponderEliminar
  6. Ehhh Julián déjeme informarle que también poseo un cactus, de nombre Julián Álvarez. Es chiquito y tiene piedritas azules y no me pelea. Que es más de lo que puedo decir de ud.!!! :)
    Le desea un GRAN miércoles,
    polli

    ResponderEliminar