Concentrada en el
trabajo, leyendo, levanto los brazos hacia atrás y me acaricio el pelo. Inconscientemente,
con apenas memoria manual y sin
quererlo, lo divido en tres mechones y
comienzo a trenzarlo. Sonrío sola. Hace tanto, tantísimo tiempo que no me hacía
una trenza. La sensación del pelo escurriéndose entre los dedos, qué cosa
linda. No llegué a armarla, apenas hice el primer “nudito”.
Me saltaron lágrimas a
los ojos. Soy una estúpida, una estúpida agradecida. Y pelilarga.
Febrero de 2014, oficialmente fuera de los 2 años de riesgo de reincidencia de cáncer.
La trenza es lo de menos.
Febrero de 2014, oficialmente fuera de los 2 años de riesgo de reincidencia de cáncer.
La trenza es lo de menos.