18 de febrero de 2014

De trenzas y sorpresas



Concentrada en el trabajo, leyendo, levanto los brazos hacia atrás y me acaricio el pelo. Inconscientemente, con apenas  memoria manual y sin quererlo,  lo divido en tres mechones y comienzo a trenzarlo. Sonrío sola. Hace tanto, tantísimo tiempo que no me hacía una trenza. La sensación del pelo escurriéndose entre los dedos, qué cosa linda. No llegué a armarla, apenas hice el primer “nudito”.
Me saltaron lágrimas a los ojos. Soy una estúpida, una estúpida agradecida. Y pelilarga.
Febrero de 2014, oficialmente fuera de los 2 años de riesgo de reincidencia de cáncer.
La trenza es lo de menos.

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