Si algo podemos destacar de mi internación es la anécdota de Remo. Me explico: en un determinado momento me llevaron desde la guardia a rayos para hacerme una radiografía. Me llevó un camillero en silla de ruedas porque no la hacía sola. Mientras el muchacho en cuestión empujaba mi sillita por el pasillo escuché unos gritos de mujer
- Remooooo. Remoooooo. Venga para acá. No se vaya. Remo. Remo! Remo!! REMO!!! Alguien agárrelo! No lo dejen salir. REMO!!!!
Todo detrás de mis espaldas. Me di vuelta y vi a la médica desesperada y a Remo que se hizo el pelotudo mal y se fue caminando como pancho por su casa.
Y así fue como presencié el escape de un paciente psiquiátrico. Como experiencia de vida aprendí que, en caso de hallarme en una situación similar , lo mejor es hacerse el que no pasa nada, e irse caminando tranquilo.
Estando ya internada hace un rato, emboladísima y queriendo estar en casa le comenté a mamá que si no me largaban al segundo día iba a hacer la Gran Remo. Por suerte no fue necesario.
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